PISA: lejos de Asia, cerca de la "felicidad"

Por Laura Hojman - Agencia DYN

Ministros de Educación argentinos exhibieron una postura errática respecto a diversos instrumentos nacionales y extranjeros de evaluación a los alumnos, desde alabar la herramienta cuando nos va bien, tratar de romperla cuando el país se ubica rezagado y hasta una mezcla de ambas, cuando hay voluntad de respetar resultados.
Llamó la atención, que Argentina adhirió a la última prueba internacional PISA, de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo), cuando esa institución fue largamente cuestionada por el gobierno nacional, ministros de Educación, legisladores y sindicatos docentes, por su impulso a la “internacionalización” de la educación superior, que abre la puerta dicen a “la mercantilización de la enseñanza”.
En ese caso la lectura internacional fue la de una “fuerte caída” de la educación argentina, ya que los alumnos de 15 años de Argentina quedaron en el puesto 58 en Comprensión Lectora en 2009, de los 65 países que adhirieron voluntariamente a la examinación que es voluntaria y arancelada.
Y además se tomó en análisis las pruebas anteriores en que participó la escuela argentina en Ciencias y Matemáticas, desde el 2000, cuando el país estaba sumergido en la fuerte crisis, sin poder pagar salarios docentes, y lo hacía en bonos, ni el Fondo de Incentivo, ni mejorar la inversión presupuestaria clavada en tres puntos del PBI.
El ministro de Educación Alberto Sileoni arrojó unos cuantos “baldes de agua”, en rueda con la prensa especializada en la sede de la cartera, a las alarmantes noticias que circulaban sobre “caídas”, “retrocesos” y otros cataclismos en el sistema de enseñanza.
Para Sileoni y su Gabinete el resultado final, que lideraron los países asiáticos en Comprensión Lectora, “no fue satisfactorio”, pero diferenció que fue bueno para los alumnos de 15 años que están en la escuela secundaria regular -dentro de la edad correspondiente- y deficiente para los chicos de esa edad de once provincias, que los tienen en la educación general básica (primaria) o en algún nivel de adultos o no formal.
También a la hora de las consultas de por qué se somete y paga por un instrumento que no da una radiografía cabal de lo que sucede en esta sociedad tan distinta a otras, dijo: “No queremos aislarnos del mundo y queremos saber como estamos”.
Es que la cuestión educativa argentina es digna de un jury de especialistas.
Argentina alcanzó una de las inversiones del PBI en enseñanza del 6,4 -dentro de las recomendaciones de UNESCO-más altas de la historia del país y de América Latina, sin embargo no pudo ganarle a su vecino Chile en Comprensión Lectora, a pesar de haber mejorado en 24 puntos, y también ostenta tener una alta cobertura en el nivel primario, casi el 100 por ciento, que se va diluyendo hacia la universidad, pero aparentemente sigue formando para una escuela de comedores y asistencialismo.
Lo importante en este caso para los argentinos, y en esto coincidieron además de Sileoni, su par de Ciencia Lino Barañao, especialistas y sindicalistas es que “por suerte no tenemos una sociedad como la de los asiáticos”.
Allí los chicos son seleccionados, estudian muchas horas y las carreras son muy largas y viven disciplinados sólo para eso y tienen poco tiempo para el ocio.
“Los alumnos coreanos odian la educación”, aseguró días pasados Barañao al presentar un balance de su gestión, al aludir un encuentro con el ministro de Educación de ese país.
Para que sirve la prueba PISA?, ¿Que utilidad tiene para los argentinos participar de ellas?
“Las pruebas son un invento del mundo globalizado que construye de este modo metas educativas comunes para el conjunto de los países”, afirmó a DyN Guillermina Tiramonti, directora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Flacso.
Dijo que la prueba “marca por un lado que hay que saber y por otro, cuanto saben de eso los alumnos de los diferentes países” y sostuvo que “hay un supuesto de base: Que las posiciones en el ranking mejoran o empeoran las posibilidades nacionales de acercarse al mundo de las grandes potencias”.
“Sin duda la prueba marca lo que el capitalismo globalizado considera como saber útil y parte de esos saberes son, de hecho, instrumentos útiles para navegar en este mundo”, sostuvo y se preguntó si “¿es válido pensar que Corea o China se perfilan como países poderosos porque tienen buenos resultados en las pruebas?”.
El secretario General de la Unión Docentes Argentinos (UDA) Sergio Romero sostuvo que “Argentina vive la contradicción que promueve buenas iniciativas, programas, investigaciones, leyes, pero cuesta verlas erigirse con resultados positivos a lo largo y ancho del país”.
Generalmente dijo “a los gobiernos les interesa más lo que sale en los diarios que lo que realmente pasa en el aula, se habla de mayor inversión en educación, de leyes que promueven la escolaridad obligatoria por mayor cantidad de años, de la asignación universal por hijo, pero muchas veces da la sensación que interesa qué se dice más que lo que hace”.
“El Estado es inconstante y no planifica a mediano y largo plazo, y suele atender la coyuntura” dijo Romero.
En síntesis, la educación en este país generoso, de aulas ruidosas, de padres y alumnos demandantes, dista mucho de la de los países del sudeste asiático, que lideran los ranking.
Muchas horas de trabajo en la escuela, cuerpos acostumbrados al esfuerzo de mantenerse quietos en su lugar, voluntades obedientes y rígidos controles sobre los aprendizajes, dan como resultado pruebas de alta calificación, y en estos rincones aún se promete también seguir dándole espacio al esparcimiento y el necesario ocio de los seres humanos.





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